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El mono y el tiburón

ARCHIPIÉLAGO DE SAN ANDRÉS Y PROVIDENCIA

Érase una vez, cuando el tiempo era tiempo, que en un árbol de manzano vivía un mono titiritero y el mono todos los días saltaba y brincaba mientras comía jugosas manzanas. 

Un día, a lo lejos se escuchó:

—¡Bravo, muy bravo, amigo Mono! 

Era el tiburón, que estaba en la playa mirando al mono hacer monerías y comer jugosas manzanas. Y entonces el mono le lanzó una de sus jugosas manzanas y el tiburón abrió su boca y empezó a comer. 

El tiburón venía todos los días a visitar al mono y, al pasar el tiempo, se hicieron muy buenos amigos. Pero un día el tiburón le dijo al mono:

—Oh, amigo Mono, yo vengo todos los días a visitarte pero tú no has ido a visitarme a mi casa.

—Ay, no, no puedo meterme al mar porque tengo la piel tan suave y delicada y el agua me la puede dañar. 

Entonces el tiburón le dijo:

—No, amigo Mono, yo te llevo en mi lomo y no te va a pasar nada.

—No, amigo tiburón, qué barbaridad, hermano, porque yo no sé nadar. 

Y el tiburón le dijo:

—Ay, hermano Mono, no sabes todo lo que te estás perdiendo. Si vieras esos arrecifes de coral, y esos bancos de arena, ay, y el pulpo, y el caballito de mar, y los erizos de colores, y los caracolitos, ¡ay! y los tiburones más grandes y las ballenas y... —y tanto le pintó esos paisajes y animales tan bonitos que el mono no lo pensó más y saltó del árbol y se subió al lomo del tiburón. Y el tiburón empezó a nadar lentamente mientras le mostraba todo el paisaje.

Cuando de pronto, a lo lejos, el mono vio algo largo y negro que botaba humo, y le preguntó al tiburón:

—Amigo Tiburón, ¿qué es eso que se ve allá a lo lejos?

—Ay, eso es un barco construido por los hombres. Sin duda son tan miedosos como tú, mi querido Mono.

Los amigos siguieron paseando y el mono feliz se reía de vez en cuando al ver ese paisaje tan bonito, y el mar de tantos colores. Cuando de pronto, a lo lejos, se escuchó:—El rey de los tiburones está enfermo. 

El rey de los tiburones está enfermo, y sólo podrá sanar si come el hígado de un mono.

—¿El hígado de un mono? Empezó a temblar el mono. Yo soy un mono, yo soy un mono.

Entonces lo pensó dos veces y dijo:

—Ay, amigo Tiburón, me gustaría entregarte mi hígado para que lo obsequies al rey de los tiburones, pero como soy titiritero dejé en el árbol del manzano mi corazón, mi hígado y mi sombrero. Pero si me vuelves a llevar a la orilla con mucho gusto te lo obsequio. Y el tiburón dijo:

—Gracias, amigo Mono, ya estuve pensando cómo te lo iba a arrebatar. 

Y el mono empezó a mirar al tiburón de soslayo, y el tiburón dijo:

—Bueno, regresaré a la orilla. Y lo hizo a toda prisa. 

Cuando llegaron a la playa, el tiburón dijo:

—Amigo Mono, vaya a toda prisa y tráigame su hígado. 

El mono subió al árbol del manzano y desde lo alto le gritó:

—Amigo Tiburón, amigo Tiburón, aquí está mi hígado —mostrándole su hígado —¿o acaso creías que me lo iba a dejar arrebatar?

—Yo soy el mono titiritero, yo soy el mono, yo soy el mono.

Y siguió cantando el mono con tanta alegría de ver que el tiburón no le pudo arrebatar el hígado. 

Y colorín colorado, este cuento se ha acabado. 

Ilustración: Alejandra Estrada