Huerta casera


Una familia puede tener una buena huerta aprovechado al máximo un pequeño terreno que contenga un semillero, una era para aromáticas y cuatro eras para hortalizas. Se debe utilizar, también, un rincón para preparar el compost (el uso de los desechos orgánicos) y aprovechar las cercas para sembrar frutales y enredaderas. La huerta casera tiene varias ventajas:

Hortalizas y frutas son una fuente de alimentos sanos para la familia. La venta de sus excedentes mejora los ingresos.

Los sobrantes son fuente de alimentación para los animales de la finca.

El huerto de plantas medicinales como penca sábila, caléndula, diente de león, boldo, salvia, entre otras, es de gran utilidad para la salud de la familia.

El perejil, cilantro, laurel, tomillo, albahaca, entre otros, alegran al paladar dándole sabor a las carnes, las sopas y las ensaladas.

La hierbabuena, el cidrón y el limoncillo sirven para hacer aguas aromáticas para la sobremesa.

Más de la huerta

Cerca a la casa se puede hacer una huerta con hortalizas y verduras para el consumo familiar. Las huertas pueden estar delimitadas por cercas de guadua o alambre, cubiertas con enredaderas o flores, para protegerlas del viento, el polvo o el paso de los animales.

Para organizar la huerta se hacen eras de 1,20 metros de ancho con cercas de guadua, cañabrava o madera. Entre las eras se hacen separaciones de 50 centímetros para caminar y trabajar con facilidad.

También se puede sembrar en una barbacoa la cual consiste en una canoa a 1 metro de altura, cultivada con aromáticas y hortalizas. Al estar aislada del suelo, las plantas crecen libres de plagas y enfermedades, se facilita el manejo y se obtienen más cosechas y de mejor calidad.