Los bosques de niebla

En las altas montañas tropicales, entre los 2.000 y 3.000 metros sobre el nivel del mar, se encuentran los bosques de niebla. La niebla o neblina proviene del vapor de agua que asciende de los valles hasta las zonas frías, donde se condensa en forma de agua, fenómeno que también se conoce como ‘lluvia horizontal’.

La
neblina, que parece una nube lechosa, cubre con su manto los suelos, los musgos, las hojas y las ramas de las plantas y humedece todo lo que toca. Las diminutas gotas de agua que forman la neblina resbalan por el follaje y los troncos de los árboles para caer al suelo en forma de gotas más grandes; el agua es absorbida por los musgos, las epífitas, la hojarasca y el capote, que funcionan como esponjas, para luego escurrirse lentamente por la intrincada red que forman las raíces del bosque. El agua se libera poco a poco en pequeños hilos líquidos que van creciendo y juntándose hasta formar arroyos, quebradas y ríos. Por esto se dice que el bosque de niebla y los páramos son unas grandes fábricas de agua.

Los arroyos, quebradas y ríos que nacen en los bosques de niebla y en los páramos abastecen de agua inmensas extensiones del territorio colombiano y benefician las parcelas campesinas, las fincas, los acueductos de pueblos y ciudades y las represas que alimentan las hidroeléctricas.

Los bosques de niebla son el reino de las
plantas epífitas, una extraordinaria variedad de musgos, orquídeas, bromelias y aráceas. La humedad del ambiente también favorece el crecimiento de hepáticas, hongos, helechos y selaginellas, formando hermosos tapices cargados de agua.