Temblores y terremotos

Los cambios en la corteza terrestre los explica el constante movimiento de las capas que forman la Tierra. En lo más profundo está el núcleo: una masa de hierro sólido, envuelta en un manto de hierro líquido, que permanece a más de seis mil grados centígrados.

La capa del medio son rocas fundidas: el magma. Es como una sopa espesa hirviente que se mueve constantemente. Forrando todo está la corteza terrestre, la cáscara de nuestro planeta. Es delgada. La forman losas de rocas de distintos tamaños que encajan unas con otras, como un gran rompecabezas. Los geólogos las llaman placas tectónicas.

Estas placas flotan, se mueven sobre el magma. A veces se rastrillan unas a otras, a veces se estrellan. Cuando se chocan, forman arrugas, pliegues elevados: las montañas. Cuando las placas se separan, dejan grietas, agujeros por donde se escapa el magma: los volcanes.

Treinta kilómetros abajo de la tierra que pisamos, está la roca fundida sobre la que flotamos permanentemente. Por fortuna, este movimiento no lo notamos. Bueno, solo cuando las placas se empujan. Entonces se producen los temblores, los terremotos. Las zonas volcánicas y aquellas donde más temblores se dan, están en los bordes de las piezas del rompecabezas que forman la corteza terrestre.

En Japón tiembla tanto, y con tanta fuerza, que antiguamente las casas se construían solo en madera, paja y papel. Ahora los japoneses usan materiales resistentes a estos sacudones de la Tierra.