Aprender a vivir juntos

El niño tiene derechos que hay que respetar, y en la medida en que crece adquiere también responsabilidades que él aprende a aceptar y a cumplir.

Cuando el niño nace depende por completo de sus padres y familiares, quienes lo proveen de todo lo que necesita. Cuando va creciendo aprende a hacer cosas solo y aprende también a relacionarse, primero, con los miembros de su familia, y luego con otras personas que conforman su grupo social: vecinos, amigos de la familia, otros niños, compañeros del colegio, maestros, etc.

Para vivir con los demás el niño requiere conocer cuáles son las conductas que se esperan de él y de cada una de las personas con las que convive, y también cuáles son las normas que todos tenemos tanto en la familia como en la sociedad.

Un ejemplo elemental: si respetamos el sueño del niño y lo dejamos dormir tranquilo sin que nadie lo moleste ni haga bulla a su alrededor, el niño debe aprender, cuando crezca, a respetar el sueño de los otros y a no hacer bulla a su alrededor cuando duermen.

A los niños es necesario ponerles normas, pues éstas les dan seguridad y protección. Es muy importante que las normas de conducta en el hogar sean claras, que se puedan entender y practicar con facilidad, y que sean válidas para todos.

Normas y hábitos

Las normas son las reglas de la familia y la comunidad, que cada uno debe cumplir y respetar. Se trata de que el niño las aprenda de sus padres y mayores, y luego sea él mismo quien las practique por su propia cuenta sin esperar premios ni castigos por cumplirlas.

Con las normas se busca establecer que el niño vaya aprendiendo buenos hábitos en sus comportamientos. Este proceso tiene varias etapas de acuerdo a la edad y al desarrollo del niño:

  • De recién nacido a los dos años, la norma se hace mediante la repetición de las rutinas hogareñas, para formar hábitos de conducta saludables.
  • De dos a cinco años, como el niño está muy centrado en sí mismo y pretende hacer lo que quiere, los adultos acuerdan las normas y se las explican al niño.
  • De seis a doce años, el niño tiene interés por ponerse de acuerdo con las normas que cumple por convencimiento y esto le servirá para formar su estilo de vida.

Los adultos y los niños

Lo primero que un adulto debe tener en cuenta en relación con un niño es que es una persona que merece todo el amor, todo el cuidado y todo el respeto del mundo. A un niño hay que tratarlo con delicadeza y afecto, con cuidado y firmeza, con la verdad y buenas maneras.

Un niño no puede ser tratado como si no sintiera o no se diera cuenta de nada. Todo lo contrario, debemos tratar de conocerlo, de saber quién es, cuán diferente es a nosotros mismos, cómo siente, cómo percibe las cosas, cómo las va aprendiendo, y relacionarnos con él de manera inteligente, clara y amorosa.

Un niño llega al mundo y su mente se halla dispuesta a percibir todo lo que lo rodea y en la medida en que vaya acumulando emociones y experiencias se irá formando su mente. Así, la mejor manera de relacionarnos con él es conociéndolo y dejando que nos conozca.

El buen ejemplo

El niño aprende por el ejemplo de sus padres, de los adultos que lo rodean y del ambiente en el que vive. Así, si crece en un hogar donde reina el amor, la comprensión y la alegría, se irá formando de una manera afectuosa, comprensiva y alegre. Si crece en un hogar donde hay gritos, agresiones y maltratos constantes, sentirá que el mundo es así y crecerá como un ser agresivo y violento.

La crianza consiste en general en comportarse de la manera en que queremos que el niño crezca y se comporte, y en darle todo el espacio y el tiempo para que el niño se pueda portar como un niño: curioso, activo, imaginativo, fantasioso, alegre, bulloso, juguetón, sin querer que obre como un adulto cuando todavía no lo es.


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